El Festival de los 80 de Mérida deja un mal sabor de boca

Más de 3.000 personas acudieron al Festival de los 80 donde el público, la mayoría de 35 años para arriba, esperaba encontrarse con las canciones que tan buenos momentos les hicieron pasar en su juventud pero se encontraron con una organización bastante desastrosa: colas de una hora al inicio del concierto para comprar los tickets de bebidas y bocadillo – y eso que el bocadillo costaba 5€ y el litro de cerveza 6€-, colas también para pedir las bebidas y descontrol total para pedir los bocadillos porque se colaba todo el mundo ante la ineptitud de las camareras.

Los primeros en salir al escenario, cuya decoración brillaba por su ausencia, fue el grupo local “AMA”, que dio lo mejor de su repertorio pero que no triunfó porque el 50€ del público estaba en la cola para comprar los tickets de bebidas y bocadillos.

A continuación, la mítica banda “Danza Invisible” fue la que lo dio todo e intentó animar al público asistente, sobre todo, con su canción “Sabor de amor”. Entre la actuación de “Danza Invisible” y “La Unión” hubo un parón de 20 minutos, debido al cambio de escenario para que entrara “La Unión” que terminó por enfriar al público.

“La Unión” cantó sus canciones más conocidas pero la voz de su vocalista ya no es la de antes y, como colofón, “Loquillo” se dedicó a cantar canciones de su último disco cuando la mayoría del público esperaba que cantara sus éxitos de los 80.

En definitiva, mal sabor de boca dejó El Festival de los 80 de Mérida. Creo, que el año próximo no se repetirá dicho festival.

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2 comentarios

  1.   Chepe dijo

    Por favor, ¿quién es el autor del artículo?

    No tiene ni puta idea sobre los discos y las canciones del Loco.

    Es como si a una corrida de toros enviaran a hacer la crónica a un antitaurino.

  2.   Don Giovanni dijo

    El autor de este artículo, además de poseer un penoso estilo, solo busca descalificar al festival e implantar en los hipotéticos lectores una visión política de lo que ha sido un jornada musical y cultural más que aceptable. Lamentable es no sólo que no tenga ni idea de lo ocurrido, en términos musicales, sino que haya redactado este esperpento de crónica basándose en opiniones y “diretes” más propias de letrinas que de una cuarta fila de concierto.
    Lamentable, Figaro. Dedícate a otra cosa.

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